Cerca de la roca, yacía aquel gazapo semimoribundo, jadeando arrítmicamente y con la mirada fija en el gris cercano. Me acerqué con la intención de envolverlo en el jersey y darle un calor que alentase su esperanza de vida, pero tal vez con el intento aceleré su muerte.
Quedé triste para el resto del día. Se fue en un aliento esa vida truncada por la rueda de una bicicleta del que disfrutaba de un soleado domingo, sin mirar atrás.
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domingo, 19 de febrero de 2012
jueves, 9 de febrero de 2012
Tarde temprana
Pues tan sólo las cinco de la tarde y la ducha interceptó la andadura por el día.
Temperatura algo baja, normal para este tiempo de invierno con ventiscas siberianas, y el calor del vapor atenuó las ganas de corretear por el pueblo para alargar el tránsito del trabajo, de lo necesario, a lo opcional, al ocio.
Y la ropa cómoda hizo el resto.
Alguna llamada telefónica, un contacto virtual, un zumo de naranja, unas facturas ordenadas, y hora de bajar la persiana.
La noche llega pausadamente ahora, algo antes que las ganas de cenar e infinitamente lejos de las ganas de cocinarla.
Un día más. Sin mucho por lo que luchar alrededor, pero con ideas pululando que motivan la posible llegada del alba.
Temperatura algo baja, normal para este tiempo de invierno con ventiscas siberianas, y el calor del vapor atenuó las ganas de corretear por el pueblo para alargar el tránsito del trabajo, de lo necesario, a lo opcional, al ocio.
Y la ropa cómoda hizo el resto.
Alguna llamada telefónica, un contacto virtual, un zumo de naranja, unas facturas ordenadas, y hora de bajar la persiana.
La noche llega pausadamente ahora, algo antes que las ganas de cenar e infinitamente lejos de las ganas de cocinarla.
Un día más. Sin mucho por lo que luchar alrededor, pero con ideas pululando que motivan la posible llegada del alba.
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